EL CORAZÓN SE ROMPE EN SILENCIO
Salgo de una cocina para penetrar el vacío,
Soy culpable de todos mis renglones
Y me siento en las esquinas a esperar a que pasen los problemas.
Cuando pasan, me monto en ellos.
Tienen sus pasajeros y timoneles;
A veces se precipitan por las calles,
A veces reptan por las avenidas.
Escojo siempre la ventana,
La cristalina ilusión de contemplar una salida.
Hay alaridos, hay polizones,
Hay ritmos, canturreos, lamentos, pregones.
Alguien siempre quiere aprovecharse y sacarle dividendos al problema,
Otros trepan su lástima
Y recitan su mantra de desesperación y pobreza.
Ahí me acomodo cuando empieza la tormenta.
Recuerdo tu ira de porcelana ofendida,
Tu pasión atrevida congelándose en los hornos.
Recuerdo la maldad y la ternura,
El cuidado y el veneno;
Las noches abrazado a tu cintura,
Los días fascinado con mi reflejo.
Se sacuden los problemas
Y afuera se ve al mundo abarrotado haciéndose el desierto.
Afuera los serios siempre apuestan
Y pierden todo contra la fortuna,
Los locos siguen locos
Con sus pies descalzos arrastrando bombillos al cementerio.
Los audaces saltan al vacío
Y sus gritos se apagan en el silencio.
Hay mesas donde nos sentamos a almorzarnos la tarde entera,
Hay cansancios como paredes desconchadas
Y desencantos como hogares destechados.
Están tus edificios,
Tus andenes, tus caprichos, tus encantos;
Se huelen tus perfumes,
Se sienten tus suspiros,
Se adivinan,
Se prometen.
Hay objetos contundentes junto a las salidas de emergencia,
Hay mensajes cortos entre los viajeros
E insultos justos
Contra el destino y sus agüeros.
Hay puertas, hay motor, hay combustible;
Hay fantasías, hay risas, hay golpes de pecho.
En el pecho hay una caja de roble,
Carcomido por la vigilia y sus descuidos,
Con bisagras rotas y fauna muerta.
Hay pedazos de canario, de aguilucho, de vencejo,
Quedan los ecos de sus canciones
Y nada de un corazón que se rompió en silencio.
FEDERICO AC.
10.12.2KX1

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