LAS CULPAS VENCIDAS
Sobres blancos
Con cintas negras
En las manos
De un errante
Que nada sabe,
Que nada teme,
Que se pierde
Y se convierte
En talismán
De mala suerte.
Los lobos aúllan
En el palacio
Donde le imputan
A un inocente
Las culpas vencidas
De un siglo inerte.
Que la culpa es una tarasca,
Un hambre eterna
De muchas muelas
Que transita
Calles vacías
De ciudades enteras.
Que la ortografía
Es una lisonja
En oídos muertos
De pueblos tuertos
Donde cada ciego
Se llama rey.
Que cada noche
De sueño inquieto
Soy un hada loca
En un mar incierto.
Que cuando celebro
Lo hago con versos
De juicios infinitos
Sobre lienzos tiesos.
Que esta elegía
Es una fiesta
De espada enhiesta
Y adarga rota.
Que pido un párrafo
Como limosna
A los príncipes necios
De la derrota.
Que entiendo a ratos
La magia ida
De mis fracasos;
Que me enamora
La fragancia coja
De las doncellas
En bancarrota.
Que no vivo
En las colonias
De lepras nuevas
Ni de almas flojas.
Que ya no puedo
Probar siquiera
Las mieles claras
De tus congojas.
Que soy un público
De hambre hambriento
En las ventanas
De patrias bobas.
Que sus decretos
Remedan gritos
De justos mudos
En los desiertos.
Que cada puerta
Que el viento abre
Es una herida
Que llora sangre.
Que en las calles
Donde juegan niñas
Las vírgenes son lastres,
Los romances rapiñas.
Que entre pedazos
De pasión perdida
Encuentro alhajas
De otra vida.
Que en los recuerdos
De tiempos dorados
Zurzo los pliegues
Más olvidados:
Que nada existe,
Que todo es dado,
Que este destino
Aún no ha llegado.
Que el abandono
De los ideales
Es la recompensa
De tantos males.
Que entre trigales
De vino y oro
Pierdo mesura,
Valor y decoro.
No me convencen
Ya muchas lágrimas;
Que aprendo a descreer
A espíritus y ánimas.
Que trascender
Es sólo un juego
Donde se vive un día
Y se resucita luego.
Que el mundo es agua,
La belleza viento,
La tierra carne
Y el tiempo fuego.
Que de los ladrones
Tomo más que de los sabios,
Que todo amor roba
Lo que dicen los labios.
Que tranquilo espera
El fin de los años
Y que la arena moja
La verdad como el engaño.
Que no suelto la ira del corazón
Como quien espolea un caballo.
Qué triste escribo
Lo que contento callo,
Que la flor completa
Suspira su tallo
Y que la nube fragosa
Vomita el rayo.
Que entre poetas ando
Con elogios y cuchillo;
Que prefiero una corte de máscaras
A una ceremonia en el castillo.
Que ya no me espantan
Las armaduras ni su brillo;
Que sé menos ahora
De lo que suponía de chiquillo.
Toda esta rima,
Toda esta sazón
Se cuece a brasa lenta,
Ya en el calor de la leña,
Ya en aquel del carbón.
Que he sido enviado
Desde mi culpa
Para que explique
La sinrazón
De un amante idiota
Que empeña su dote,
Su nombre
Y su nación
Por el remiendo sucio
De un calzón.
FEDERICO AC.
04.05.2KX1

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